"Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo."
El Alquimista, Paulo Coelho

viernes, 3 de diciembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Fly with me

Sus ojos azules. Su sonrisa de niña. Su cabello suelto que caia sobre los hombros. Su voz, que evocaba sus mejores recuerdos. Así era ella. Él la quería más que a nada en el mundo. Juntos habían pasado la mejor etapa de sus vidas. Juntos habían pasado buenos y malos momentos. Juntos, vieron que la vida era un camino a recorrer de la mano, a pasearlo en una anaranjada tarde de otoño. Por eso, él y ella nunca abandonaron el lado del otro.
-Te quiero- susurró ella aquella tarde.
-Yo también te quiero- respondió él.
Las hojas de colores ocres caían lentamente. El parque estaba vacío. Poco a poco el sol se iba poniendo y la oscuridad acechaba por detrás de los altos edificios. De repente, la farola de su lado se encendió y alumbró a la pareja, fundidos en un beso.
-Escapemos-sugirió
-Debemos acabar con esto, nuestras familias nunca lo aceptarán, Mike te quiero, pero no quiero que sufras por mí.
-Yo también te quiero, y no descansaré hasta que estemos juntos, el sufrimiento es lo que me hace continuar, no soportaría verte lejos de mí.
La misma conversación de siempre. La misma contestación. A lo lejos, un halcón surcaba el cielo.
-Vuela conmigo, volemos lejos de aquí.
...
El invierno llegó. La nieve caía lentamente sobre las aceras y tejados. Y una noche, una noche tranquila, se los vió escapar. Sus alas brillaban bajo la luz de la luna llena.

Por Jesús González Cuartero

Para Mayte, para que encuentre a su Mike y juntos vuelen más allá.

sábado, 30 de octubre de 2010

Microcuento

Buenos dias a todos!

Esta semana a sido distinta a todas y de la misma manera me gustaria hacer algo distinto, y es introducirme en la tecnica del microcuento.

Este es el primero, asi que aun no se si esta bien del todo, pero bueno, con la experiencia se mejorara, no?

Ahi va:

"La nueva capa de pintura tapa muy bien las manchas de sangre en la pared"

Por Jesus Gonzalez Cuartero

domingo, 10 de octubre de 2010





"Alzó el vuelo y se alejó hacia el sol naciente, y sus alas parecían arder a la luz del alba como si estuviesen envueltas en llamas"

Laura Gallego García, Alas de Fuego.

viernes, 1 de octubre de 2010

Desde Aqui

La calle estaba desierta. Sobre el húmedo suelo embaldosado solo se oía el repiquetear de unos zapatos andando a toda prisa. En la inmensa oscuridad, se podía vislumbrar una figura baja, andando apresuradamente hacia la última casa de la calle. Sólo unas cuantas farolas de aceite se veían a uno y otro lado de la calle. Los coches descansaban y los caballos dormían. Hacía poco, una tormenta conquistó la ciudad. Las gentes se habían quedado en sus casas alrededor del pacífico y tranquilizador fuego que ardía en sus chimeneas.
Christine veía figuras difuminadas a traves de las ventanas tapadas con cortinas de seda. Cuánto deseaba estar al calor de una hoguera en una noche como aquella. Pero había algo que se le impedía, pero por el contrario, esa causa no la enfadaba. Su señora la había mandado a la casa del doctor Sigmund. No había nada en el mundo para Christine como su cariñosa y buena señora. Grettel siempre la trató bien. Cuando Christine se ponía enferma, Grettel le ordenaba que se fuera a dormir y ésta nunca le hacía caso, al contrario, ayudaba a su señora en lo que hiciera falta. Esta vez no era así. Era Grettel la que estaba en la cama.
Christine se acercaba con paso decidido a la casa del final de la calle. Al llegar a la puerta, llamó con los nudillos y se apartó el pañuelo que cubría su cabeza. El doctor Sigmund abrió lapuerta lentamente y vió a Christine:
-Ya viene, doctor-dijo ésta con un tono de preocupación, aunque su cara irradiaba alegría.-Grettel ha roto aguas-Grettel estaba embarazada de ocho meses y dos semanas.
Sigmund cogió su abrigo y salieron apresurados hacia la casa de Grettel.
Se levantó viento, un viento frío que congelaba hasta los huesos, Christine no sentía nada. Estaba ensimismada en sus pensamientos y rezos, pidiendo por que el parto se diera lo mejor posible y por que las dos criaturas, madre e hijo, salieran con vida.
                       ...                                                    
Grettel y yo nos conocimos en una fiesta que dio mi madre con motivo del matrimonio de mi hermano mayor, Sigmund. Fue una fiesta muy especial, ya que también celebramos la graduación de éste en la carrera de medicina. La fiesta fue muy larga y habían presentes muchas personas que yo no conocía: compañeros de Sigmund, amigos de mi padre, amigos de mi madre... Yo conocía a mis familiares y alguna persona más. Aburrido de la fiesta decidí irme a mi cuarto cuando entonces la vi llegar.
Llevaba un bonito vestido azul plateado. El pelo recogido en un moño. Iba acompañada de sus padres. Cuando me acerqué a ella la saludé y hablamos un rato. Mientras sucedía esto me pasaban imágenes por la abeza, imágenes que sería imposible de describir en esta historia. Aunque no nos dimos cuenta, lazamos una gran amistad. Quedábamos por las tardes a tomar el té. Así pasaron los meses y un día decidimos casarnos.
                                                           ...
Mientras se acecaban, vieron cómo aparecía entre ellos una casa de dos pisos, precedida por un hermoso jardín y, en una ventana de la planta superior, se veía una débil luz. Christine abrió la puerta principal y al entrar, Sigmund sintió un escalofrío. Un escalofrío provocado por los gritos de una mujer desesperada.
-Lleva así desde que salí a buscarle, doctor-puntualizó Christine al tiempo que otro grito invadía la estancia.
Los dos subieron las escaleras y se dirigieron al cuarto del que procedían los gritos y las quejas de la mujer. Sigmund abrió la puerta suavemente para no asustar a Grettel. Ésta se dio cuenta y dejó, con mucho esfuerzo, de gritar.
El cuarto estaba iluminado con unas cuantas velas. En el ambiente se respiraba desesperación, alegría y un poco de tristeza. El cuarto estaba caldeado por una pequeña hoguera que ardía en la chimenea. Acompañaban a Grettel sus padres y mis padres.
-Hola Sigmund.
-Hola Grettel. ¿Cómo estás?
Christine ayudó a la otra sirvienta a acomodar a Grettel para el parto.
                                                              ...
A mi madre le agradó mucho la noticia, y pronto, empezó a organizar todos los preparativos. Ella decidió que nos casaríamos en primavera, en mayo.
-Porque así todos los invitados podrán disfrutar la primavera y podremos celebrar la boda en el jardín- repetía una y otra vez m madre cada vez que alquien le decía que la primavera era muy pronto.
Aún así, y es algo que a mi madre le sentó muy mal, clebramos la boda en otoño. A todos nos pareció bien porque tendríamos suficiente tiempo para prepararlo todo. Los padres de Grettel nos ayudaron con todo lo que estaba a su alcance.
Sigmund se enteró estando de viaje con su mujer y sus dos hijos, los gemelos Gregor y Thomas. Toda su familia se alegró al enterarse de nos íbamos a casar.
Mientras mi madre se obsesionaba con la boda, Grettel y yo la vivíamos y la organizábamos a nuestra manera. Un día invité a Grettel a la ópera, a ver ballet ruso. Esa noche, los artistas nos obsequiaron con una representación del Cascanueces. A todos los presentes en el teatro nos sorprendieron y nos conmvieron.
Grettel me repetía día tras día que me quería, y yo cada día la quería más. Nos regalábamos flores, besos y sonrisas. El tiempo pasó tan deprisa que de que nos dimos cuenta ya había llegado el otoño.
                                                                ...
Sigmund explicó a Grettel lo que tenía que hacer. También ordenó a Christine y Emmeline que le trajeran unas toallas y agua caliente. Christine pidió a Emmeline que se quedara con Grettel, mientras ella salió corriendo por la puerta de la habitación y al momento trajo un par de toallas y una palangana con agua.
El parto no fue fácil. Christine y Emmeline sujetaban a Grettel mientras ésta les apretaba las manos y a la vez hacía toda la fuerza que podía para dar a luz.
Por su cabeza pasaban muchos recuerdos. Nos veía a los dos juntos, paseando, cuando aún no estábamos prometidos. Se veía con su hijo, paseando y jugando en el parque con Christine y Emmeline.Veía momentos muy románticos y alegres de su vida.
                                                               ...
Llegó el gran día. Mi madre estaba nerviosa porque mi padre aún no se había vestido para la ocasión.
-No te preocupes, mamá- la tranquilizaba yo, seguro que ya está al caer.
Mi madre entraba en muchas ocasiones en momentos de angustia, y este fue uno de los momentos más angustiosos de su vida.
Allí estaban todos: mi hermano Sigmund, su mujer, sus hijos; los padres de Grettel, todos sus familiares; algunos de nuestros amigos, y al final de la alfombra aterciopelada, Grettel.
Fue una ceremonia muy bonita y acompañada de las lágrimas de mi madre. Todos los presentes nos felicitaron, nos dieron la enhorabuena y nos desearon suerte.
                                                           ...
Mientras Grettel recordaba, ya no sentía dolor ni angustia. Dejó de sudar y de gritar. Entonces, ese momento de alegría, excitación y felicidad, quedó roto por el llanto de un bebé recién nacido que ha sido expulsado de su tranquilidad y cobijo.
-Es un niño, - anunció Sigmun- un precioso niño.
Por las mejillas de Grettel corrieron dos lágrimas cristalinas, casi imperceptibles, pero que yo vi con claridad. En ellas se reflejaba alegría y tristeza, y otro montón de sentimientos contradictorios.
Christine cogió al bebé. Lo lavó lo mejor que pudo con una toalla y el agua y se lo dió a Grettel.
-Jonh, se llamará Jonh, como su padre.
Entonces, dos lágrimas corrieron por mis mejillas.
Christine y Emmeline abrazaron a Grettel y las tres mujeres se fundieron en un abrazo.
Mi madre empezó a llorar y la madre de Grettel la abrazó. Mi padre y su padre se dieron la mano. Los cuatro fueron a besar a Grettel y se llenaron de felicidad.
                                                                  ...
Al acabar la ceremonia, todos fuimos al jardín de casa a comer. Allí todos estaban contentos y celebraban nuestro matrimonio.
Me recordaba mucho a la boda de mi hermano Sigmund, pero ahora la veía de una forma distinta, ahora era yo el protagonista.
Sigmund y yo hablamos durante mucho tiempo, yo no recordaba una conversación así. Tanto él como yo estábamos contentos.
Entonces llegó un día aún más feliz. Grettel y yo dimos la fantástica noticia de que estábamos esperando un hijo.
                                                         ...
-Jonh estaría muy orgulloso de estar aquí-dijo Sigmund.
-Lo sé. Pero aunque no esté aquí, sé que me quiere y me desea lo mejor.
Y entonces yo, le lanzé un beso, que sé que Grettel lo sintió. Yo no lo la acompañaba. Yo no estaba con ella. La había dejado dos meses atrás, debido a un accidente que me quitó la vida. Pero tanto ella como yo, sabíamos que no estaba sola y que la acompañaría desde aquí hasta que ella viniese conmigo.

Por Jesus Gonzalez Cuartero


Pues subo esta foto que hice un dia que me aburria, no ha quedado mal no? Esta bien, me gusta

viernes, 17 de septiembre de 2010

Jack y Wendy

Historia que me dio un premio en 4º de eso. Ahi va:

Eran las siete y media de la tarde del 28 de marzo de 1889. Era un tarde fría, lluviosa y oscura. A pesar de estar invitado a una cena, Jack, estaba durmiendo en su butaca al acogedor calor que el fuego que ardía suave y silenciosamente en la chimenea.
 Jack era un hombre influyente en la sociedad, soltero y muy rico. Era alto, rígido, moreno y tenía la piel suave. También era un poco serio pero le gustaba hablar.
 La familia Mc Gregor era la familia más numerosa de todo el pueblo. Era una familia también muy rica y  vivía en las afueras del pueblo en una gran mansión. Esta familia era la que había invitado, entre otras personas, a Jack.
Jack despertó de un sobresalto a las ocho menos tres minutos y se preparó rápidamente para salir en diligencia o andando hacia la casa de los Mc Gregor.
Cogió un paraguas, una cajita negra aterciopelada y salió afuera. Cerró la puerta y se paró unos segundos antes de bajar por las escaleras de entrada. Abrió el paraguas y se adentró en la infernal lluvia.
Jack pasó por una tienda de chocolates y compró una caja de bombones. Pagó lo que debía y siguió andando calle arriba. Como aumentó la lluvia Jack paró hasta encontrar una diligencia. Subió en una y le dijo al cochero adonde iba. Al dejar la calle del ayuntamiento vio una casa grande lujosa y con unos grandes ventanales iluminados por la luz que salía del interior. Era la casa de los Mc Gregor.  
Bajó de la diligencia, pagó y subió los escalones de entrada de la casa de los Mc Gregor. Llamó a la puerta y una joven chica de unos veinte años abrió la puerta. Jack se puso colorado, pues Wendy, la hija mayor del matrimonio Mc Gregor, era la chica que Jack quería como esposa.
Con un soso y un poco triste saludo y un beso en cada mejilla, se saludaron. Dentro



había ya algunos invitados tomando unos aperitivos que varios sirvientes vestidos con un traje negro y una camisa blanca repartían en bandejas doradas.
Helen, la señora Mc Gregor, iba hablando y saludando con los invitados recién llegados. Conversaban alegremente entre risas y comentarios graciosos. Al ver a Jack se acercó a él. Lo saludó y estuvieron hablando.
Poco a poco fueron llegando más invitados a la gran mansión. Cuando ya estuvieron todos sin los abrigos y reunidos, un sirviente, con un agudo tintineo de una campanilla los llamó, indicando que la cena estaba lista:
-La cena, está servida-dijo con un acento francés y muy serio.
Estuvieron cenando durante una hora y media, poco más o menos. La cena constaba de un primer plato: ensalada con caviar; un segundo plato: sopa de verduras con conejo; un tercero: cochinillo al horno; y un dulce y delicioso postre: tarta de arándanos. Jack estaba lleno, pues él nunca había comido tanto en una cena.
Después de la cena, ya había parado de llover. George, el señor Mc Gregor, anunció a todos que se pusieran con sus parejas para bailar. Jack y Wendy se pusieron juntos y al pasar un rato, ya cansados, salieron a un balcón, lleno de plantas y flores en macetas de barro. Estuvieron un momento mirando las estrellas mientras todos los que estaban dentro bailaban.
Hablaron sin saber bien qué decir. Jack , cansado de no resolver nada, se arrodilló ante Wendy, sacó la cajita negra aterciopelada y se la entregó. Ésta la abrió y Jack le dijo:
-Wendy, ¿quieres casarte conmigo?-dijo en un tono romántico.
 La chica miró el anillo, luego miró a Jack, le había pedido matrimonio, entonces muy suavemente y pensando bien en lo que iba a decir dijo:
-Sí, quiero
Se besaron y anunciaron la gran noticia en el salón. Al enterarse, la señora Mc Gregor se puso muy contenta y corriendo abrazó a los novios. Jack volvió a su casa muy contento. Había empezado otra vez a llover, pero a Jack le daba igual la lluvia, lo único que le importaba era ella, Wendy.
Al volver a su casa por la calle Mayor, Jack oyó un grito y un golpe. En la oscuridad pudo ver una silueta de un hombre con capa y un sombrero de copa que salía corriendo para que nadie lo viera. Jack empezó a correr y vio a una mujer tirada en el suelo con un charco de sangre y en el pecho, unas puñaladas.
Jack corrió a la Taberna y lo anunció. Al poco tiempo la policía ya había llegado al lugar y se habían llevado el cuerpo.
Uno de los sospechosos era Finn Finnigan, un señor de alta edad que sufría problemas mentales.
Al día siguiente se registró la casa del sospechoso y, al descubrir un puñal ensangrentado y al señor Finnigan sentado en el suelo en un rincón, descubrieron al asesino. Lo llevaron a comisaría y después a un hospital psiquiátrico de Londres. Jack estaba asustado, y al mediodía fue a la casa de los Mc Gregor:
-¡Eso es terrible! La señora Alice, ¡tan joven!-se lamentaba Helen.
-Suerte que se ha encontrado al culpable-dijo George.
-Ahora, de lo que hay que preocuparse es de la boda-anunció Helen
Un mes y dos días después, habían empezado los preparativos para la gran celebración.


La familia Mc Gregor quería celebrar la boda en los jardines de la casa y así fue, hablaron con el sacerdote y éste no se opuso. Wendy había comprado un precioso traje de novia y Jack, un traje elegante.
Había mucha gente presente, familiares, amigos. Jack esperaba a que su prometida comenzara la marcha nupcial, él no la había visto desde hacía una semana.
Empezó la música y la gente miró hacia atrás para ver a la novia. Jack estaba asombrado de la belleza que había ante sus ojos, no reconocía a Wendy bajo aquel traje.
-Sí, quiero.
-Puedes besar a la novia.
Y tras estas palabras, Jack y Wendy eran marido y mujer. El señor y la señora Mc Gregor se abrazaron, y todos los hermanos de Wendy empezaron a aplaudir, y tras ellos, todos los demás invitados.
Todos comieron y vivieron felices.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Lampara

Pues como abro blog, os enseño una lampara que me hice yo con un huevo de avestruz.

Espero que os guste