Buenos dias a todos!
Esta semana a sido distinta a todas y de la misma manera me gustaria hacer algo distinto, y es introducirme en la tecnica del microcuento.
Este es el primero, asi que aun no se si esta bien del todo, pero bueno, con la experiencia se mejorara, no?
Ahi va:
"La nueva capa de pintura tapa muy bien las manchas de sangre en la pared"
Por Jesus Gonzalez Cuartero
"Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo."
El Alquimista, Paulo Coelho
sábado, 30 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
viernes, 1 de octubre de 2010
Desde Aqui
La calle estaba desierta. Sobre el húmedo suelo embaldosado solo se oía el repiquetear de unos zapatos andando a toda prisa. En la inmensa oscuridad, se podía vislumbrar una figura baja, andando apresuradamente hacia la última casa de la calle. Sólo unas cuantas farolas de aceite se veían a uno y otro lado de la calle. Los coches descansaban y los caballos dormían. Hacía poco, una tormenta conquistó la ciudad. Las gentes se habían quedado en sus casas alrededor del pacífico y tranquilizador fuego que ardía en sus chimeneas.
Christine veía figuras difuminadas a traves de las ventanas tapadas con cortinas de seda. Cuánto deseaba estar al calor de una hoguera en una noche como aquella. Pero había algo que se le impedía, pero por el contrario, esa causa no la enfadaba. Su señora la había mandado a la casa del doctor Sigmund. No había nada en el mundo para Christine como su cariñosa y buena señora. Grettel siempre la trató bien. Cuando Christine se ponía enferma, Grettel le ordenaba que se fuera a dormir y ésta nunca le hacía caso, al contrario, ayudaba a su señora en lo que hiciera falta. Esta vez no era así. Era Grettel la que estaba en la cama.
Christine se acercaba con paso decidido a la casa del final de la calle. Al llegar a la puerta, llamó con los nudillos y se apartó el pañuelo que cubría su cabeza. El doctor Sigmund abrió lapuerta lentamente y vió a Christine:
-Ya viene, doctor-dijo ésta con un tono de preocupación, aunque su cara irradiaba alegría.-Grettel ha roto aguas-Grettel estaba embarazada de ocho meses y dos semanas.
Sigmund cogió su abrigo y salieron apresurados hacia la casa de Grettel.
Se levantó viento, un viento frío que congelaba hasta los huesos, Christine no sentía nada. Estaba ensimismada en sus pensamientos y rezos, pidiendo por que el parto se diera lo mejor posible y por que las dos criaturas, madre e hijo, salieran con vida.
...
Grettel y yo nos conocimos en una fiesta que dio mi madre con motivo del matrimonio de mi hermano mayor, Sigmund. Fue una fiesta muy especial, ya que también celebramos la graduación de éste en la carrera de medicina. La fiesta fue muy larga y habían presentes muchas personas que yo no conocía: compañeros de Sigmund, amigos de mi padre, amigos de mi madre... Yo conocía a mis familiares y alguna persona más. Aburrido de la fiesta decidí irme a mi cuarto cuando entonces la vi llegar.
Llevaba un bonito vestido azul plateado. El pelo recogido en un moño. Iba acompañada de sus padres. Cuando me acerqué a ella la saludé y hablamos un rato. Mientras sucedía esto me pasaban imágenes por la abeza, imágenes que sería imposible de describir en esta historia. Aunque no nos dimos cuenta, lazamos una gran amistad. Quedábamos por las tardes a tomar el té. Así pasaron los meses y un día decidimos casarnos.
...
Mientras se acecaban, vieron cómo aparecía entre ellos una casa de dos pisos, precedida por un hermoso jardín y, en una ventana de la planta superior, se veía una débil luz. Christine abrió la puerta principal y al entrar, Sigmund sintió un escalofrío. Un escalofrío provocado por los gritos de una mujer desesperada.
-Lleva así desde que salí a buscarle, doctor-puntualizó Christine al tiempo que otro grito invadía la estancia.
Los dos subieron las escaleras y se dirigieron al cuarto del que procedían los gritos y las quejas de la mujer. Sigmund abrió la puerta suavemente para no asustar a Grettel. Ésta se dio cuenta y dejó, con mucho esfuerzo, de gritar.
El cuarto estaba iluminado con unas cuantas velas. En el ambiente se respiraba desesperación, alegría y un poco de tristeza. El cuarto estaba caldeado por una pequeña hoguera que ardía en la chimenea. Acompañaban a Grettel sus padres y mis padres.
-Hola Sigmund.
-Hola Grettel. ¿Cómo estás?
Christine ayudó a la otra sirvienta a acomodar a Grettel para el parto.
...
A mi madre le agradó mucho la noticia, y pronto, empezó a organizar todos los preparativos. Ella decidió que nos casaríamos en primavera, en mayo.
-Porque así todos los invitados podrán disfrutar la primavera y podremos celebrar la boda en el jardín- repetía una y otra vez m madre cada vez que alquien le decía que la primavera era muy pronto.
Aún así, y es algo que a mi madre le sentó muy mal, clebramos la boda en otoño. A todos nos pareció bien porque tendríamos suficiente tiempo para prepararlo todo. Los padres de Grettel nos ayudaron con todo lo que estaba a su alcance.
Sigmund se enteró estando de viaje con su mujer y sus dos hijos, los gemelos Gregor y Thomas. Toda su familia se alegró al enterarse de nos íbamos a casar.
Mientras mi madre se obsesionaba con la boda, Grettel y yo la vivíamos y la organizábamos a nuestra manera. Un día invité a Grettel a la ópera, a ver ballet ruso. Esa noche, los artistas nos obsequiaron con una representación del Cascanueces. A todos los presentes en el teatro nos sorprendieron y nos conmvieron.
Grettel me repetía día tras día que me quería, y yo cada día la quería más. Nos regalábamos flores, besos y sonrisas. El tiempo pasó tan deprisa que de que nos dimos cuenta ya había llegado el otoño.
...
Sigmund explicó a Grettel lo que tenía que hacer. También ordenó a Christine y Emmeline que le trajeran unas toallas y agua caliente. Christine pidió a Emmeline que se quedara con Grettel, mientras ella salió corriendo por la puerta de la habitación y al momento trajo un par de toallas y una palangana con agua.
El parto no fue fácil. Christine y Emmeline sujetaban a Grettel mientras ésta les apretaba las manos y a la vez hacía toda la fuerza que podía para dar a luz.
Por su cabeza pasaban muchos recuerdos. Nos veía a los dos juntos, paseando, cuando aún no estábamos prometidos. Se veía con su hijo, paseando y jugando en el parque con Christine y Emmeline.Veía momentos muy románticos y alegres de su vida.
...
Llegó el gran día. Mi madre estaba nerviosa porque mi padre aún no se había vestido para la ocasión.
-No te preocupes, mamá- la tranquilizaba yo, seguro que ya está al caer.
Mi madre entraba en muchas ocasiones en momentos de angustia, y este fue uno de los momentos más angustiosos de su vida.
Allí estaban todos: mi hermano Sigmund, su mujer, sus hijos; los padres de Grettel, todos sus familiares; algunos de nuestros amigos, y al final de la alfombra aterciopelada, Grettel.
Fue una ceremonia muy bonita y acompañada de las lágrimas de mi madre. Todos los presentes nos felicitaron, nos dieron la enhorabuena y nos desearon suerte.
...
Mientras Grettel recordaba, ya no sentía dolor ni angustia. Dejó de sudar y de gritar. Entonces, ese momento de alegría, excitación y felicidad, quedó roto por el llanto de un bebé recién nacido que ha sido expulsado de su tranquilidad y cobijo.
-Es un niño, - anunció Sigmun- un precioso niño.
Por las mejillas de Grettel corrieron dos lágrimas cristalinas, casi imperceptibles, pero que yo vi con claridad. En ellas se reflejaba alegría y tristeza, y otro montón de sentimientos contradictorios.
Christine cogió al bebé. Lo lavó lo mejor que pudo con una toalla y el agua y se lo dió a Grettel.
-Jonh, se llamará Jonh, como su padre.
Entonces, dos lágrimas corrieron por mis mejillas.
Christine y Emmeline abrazaron a Grettel y las tres mujeres se fundieron en un abrazo.
Mi madre empezó a llorar y la madre de Grettel la abrazó. Mi padre y su padre se dieron la mano. Los cuatro fueron a besar a Grettel y se llenaron de felicidad.
...
Al acabar la ceremonia, todos fuimos al jardín de casa a comer. Allí todos estaban contentos y celebraban nuestro matrimonio.
Me recordaba mucho a la boda de mi hermano Sigmund, pero ahora la veía de una forma distinta, ahora era yo el protagonista.
Sigmund y yo hablamos durante mucho tiempo, yo no recordaba una conversación así. Tanto él como yo estábamos contentos.
Entonces llegó un día aún más feliz. Grettel y yo dimos la fantástica noticia de que estábamos esperando un hijo.
...
-Jonh estaría muy orgulloso de estar aquí-dijo Sigmund.
-Lo sé. Pero aunque no esté aquí, sé que me quiere y me desea lo mejor.
Y entonces yo, le lanzé un beso, que sé que Grettel lo sintió. Yo no lo la acompañaba. Yo no estaba con ella. La había dejado dos meses atrás, debido a un accidente que me quitó la vida. Pero tanto ella como yo, sabíamos que no estaba sola y que la acompañaría desde aquí hasta que ella viniese conmigo.Por Jesus Gonzalez Cuartero
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

