Sus ojos azules. Su sonrisa de niña. Su cabello suelto que caia sobre los hombros. Su voz, que evocaba sus mejores recuerdos. Así era ella. Él la quería más que a nada en el mundo. Juntos habían pasado la mejor etapa de sus vidas. Juntos habían pasado buenos y malos momentos. Juntos, vieron que la vida era un camino a recorrer de la mano, a pasearlo en una anaranjada tarde de otoño. Por eso, él y ella nunca abandonaron el lado del otro.
-Te quiero- susurró ella aquella tarde.
-Yo también te quiero- respondió él.
Las hojas de colores ocres caían lentamente. El parque estaba vacío. Poco a poco el sol se iba poniendo y la oscuridad acechaba por detrás de los altos edificios. De repente, la farola de su lado se encendió y alumbró a la pareja, fundidos en un beso.
-Escapemos-sugirió
-Debemos acabar con esto, nuestras familias nunca lo aceptarán, Mike te quiero, pero no quiero que sufras por mí.
-Yo también te quiero, y no descansaré hasta que estemos juntos, el sufrimiento es lo que me hace continuar, no soportaría verte lejos de mí.
La misma conversación de siempre. La misma contestación. A lo lejos, un halcón surcaba el cielo.
-Vuela conmigo, volemos lejos de aquí.
...
El invierno llegó. La nieve caía lentamente sobre las aceras y tejados. Y una noche, una noche tranquila, se los vió escapar. Sus alas brillaban bajo la luz de la luna llena.
Por Jesús González Cuartero
Para Mayte, para que encuentre a su Mike y juntos vuelen más allá.