-Mirala ahí tumbada. Respira tranquilamente. Su cara vuelve a recuperar el color. Mira sus labios, su piel, sus manos, las mismas que noche tras noche te han abrazado. Las mismas que sostienen a la criatura que duerme en la cuna cuando le da de comer. Su pelo, los cabellos que acariciabas antes de dormirte. Has hecho un buen pacto. Nunca sabra que fue ella la que caminó hacia mí. Y ahora, que irónico, eres tú el que está a mi lado, escuchando sus latidos y viendola dormir. Ven, debemos continuar. El camino es largo.
Puso su mano sobre mi hombro. Con la otra sostenía una guadaña. Poco a poco, nos alejamos de aquel cuarto. Mi cuerpo inerte yacía junto a mi mujer dormida.
Por Jesús González Cuartero
Ay, jo, qué bonito =)
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ResponderEliminarMe ha puesto la piel de gallina!!!!Jesús, eres la sensibilidad con un teclado
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