"Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo."
El Alquimista, Paulo Coelho

domingo, 30 de octubre de 2011

Noches de brujas

La luna menguante tiene unos picos puntiagudos como agujas. Ya ha pinchado a mas de uno. Las farolas alumbran las calles con una luz lugubre y fria. Las calles guardan un silencio sepulcral. Los pasos de una persona andando sola provocan escalofrios.
Las serpientes se arrastran sobre su cuerpo por las calles, siseando al ritmo de su avance. Las sombras se deslizan por todas partes, oscureciendo y ennegreciendo todo a su paso. Nadie camina seguro. Los hombres lobo se ocultan bajo barbas pobladas. Caminan sigilosos con las manos en los bolsillos, para no mostrar sus uñas asesinas. Los vampiros lucen sonrisas resplandecientes. Una sola sonrisa y cualquier muchacha puede caer en sus brazos. Nadie esta seguro. Las brujas visten sus mejores ropas, y su tez es la envidia de muchas otras.

Y, ten cuidado, porque en cualquier esquina, puedes encontrar un charco de sangre, de alguien que ya ha caido en las redes.

Y es que, cualquier noche, puede ser una noche de brujas.

Por Jesus Gonzalez Cuartero

viernes, 21 de octubre de 2011




"If you cut me I suppose I would bleed the colors
of the evening stars."


The Technicolor Phase, Owl City

martes, 18 de octubre de 2011

Nada

Empezó a sonar la melodía: "You were so young, and I guess I'm old"
Sus pasos sonaban lentos en la calle. La oscuridad se interrumpía por la luz de las farolas y los faros de los coches. La gente caminaba sumida en sus asuntos y problemas.
"I'll be wide awake. You'll be asleep"
Pisaba los charcos sin importarle cómo de mojadas iban sus zapatillas. El agua ya empapaba los calcetines y sus pies estaban helados. Pero ya nada importaba.

Las gotas de lluvia corrían por sus mejillas y maquillaban sus lágrimas. Su pelo también estaba empapado, y las gotas caían en su camiseta "As a one place we both know"
La gente se quedaba mirando. Alguna señora le ofreció un paraguas, pero sus oídos estaban sordos. Ya nada importaba.

Metió sus manos en los bolsillos del pantalón, que poco a poco también se mojaba con la lluvia. Los coches salpicaban algún charco. La noche cada vez estaba más oscura. El camino a casa cada vez era más corto.

Sacó las llaves. Abrió el portal. Subió las escaleras con la oscuridad en su compañía "We both loose our minds, to find a better road"
Pasó a su casa con sigilo, dejando huellas de agua por toda la tarima. Llegó a su habitación. Se tiró en la cama y comenzó a llorar. Ya nada importaba.

Por Jesús González Cuartero

domingo, 16 de octubre de 2011

Te esperaba

Paró a Russian Red. Cerró la pantalla de su portátil. Puso sus pies descalzos sobre la fría tarima y se levantó de la cama. Habló en voz alta y vio que estaba sola en casa. Cerró la puerta de su habitación.

Cerró los ojos. Se produjo un fuerte destello. Abrió los párpados.

La hierba le hacía cosquillas en los pies. Su melena suelta ondeaba con el viento. En el borde del acantilado había una figura sentada. Era él. Se acercó sigilosamente y lo abrazó. Le dio un beso en la mejilla.

-Te esperaba- contestó

Con un gesto de la mano, el chico avanzó hasta el atardecer.

Y allí, los dos sentados, abrazados, vieron un dia más como atardecía en su rincón favorito del mundo.


Por Jesús González Cuartero

sábado, 1 de octubre de 2011

Cadenas

-Solo quiero que sepas, que a pesar de todo el daño que me has hecho, estos años junto a ti han sido maravillosos. Y me alegro de haberlos compartido junto a ti. Hasta siempre.

Cheryl colgó el móvil. El agua del río corría tranquila bajo sus pies. Con delicadeza sacó colgada de su pecho una cadena de plata. De ella colgaba una pequeña llave. Se la quitó del cuello. Con la otra mano agarró el candado que juntos habían puesto en aquel puente años atrás, como en otros tantos cuentos de hadas. Sobre él, grabados su nombre y el de él. Un corazón y una fecha. Con la pequeña llave lo abrió. La cerradura estaba un poco oxidada, como su amor. Logró abrirlo. Lo volvió a cerrar. Enganchó la cadena al teléfono. Le dió un beso al candado. Y entonces, lanzó todo al río. Observó como todo se hundía, y con ello, esos años junto a su amor.

Así, sola. Cruzó el puente. Las manos en los bolsillos de su abrigo y la cabeza gacha. Pero ya no sufría.

De repente sintió una gran calma. No más candados en su corazón. Ahora era libre.

Por Jesús González Cuartero