Paró a Russian Red. Cerró la pantalla de su portátil. Puso sus pies descalzos sobre la fría tarima y se levantó de la cama. Habló en voz alta y vio que estaba sola en casa. Cerró la puerta de su habitación.
Cerró los ojos. Se produjo un fuerte destello. Abrió los párpados.
La hierba le hacía cosquillas en los pies. Su melena suelta ondeaba con el viento. En el borde del acantilado había una figura sentada. Era él. Se acercó sigilosamente y lo abrazó. Le dio un beso en la mejilla.
-Te esperaba- contestó
Con un gesto de la mano, el chico avanzó hasta el atardecer.
Y allí, los dos sentados, abrazados, vieron un dia más como atardecía en su rincón favorito del mundo.
Por Jesús González Cuartero
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