El niño se detuvo ante aquel escaparate. Allí vio algo que le llamó la atención.
Medíría alrededor de un metro veinte. Tenía el pelo castaño oscuro y un tirabuzón se le hacía en el flequillo. Sus ojos color avellana dejaban ver la alegría e inocencia de aquel chico. Tendría seis o siete años, ocho como mucho.
- ¡Papá!- llamó el niño
Su padre se dio la vuelta y entonces se dio cuenta de que se había retrasado.
-¿Qué haces allí?- preguntó- Vamos, que se hace tarde- añadió mientras volvía a recoger al chico.
-Papá, ya se como quiero ser de mayor, mira- dijo señalando a un objeto en aquella tienda.
El padre se acercó y observó con atención lo que señalaba su hijo. Observó en aquel espejo el reflejo del niño, sonriendo y señalando a sí mismo.
-Seguro que lo conseguirás, y yo estaré a tu lado para ayudarte a serlo. Vamos- dijo sonriendo- se nos hace tarde.
Entonces, padre e hijo se cogieron de la mano, y siguieron su camino. Poco a poco anochecía sobre la ciudad.
Por Jesús González Cuartero.
Y lo consiguió? :)
ResponderEliminar