"Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo."
El Alquimista, Paulo Coelho

martes, 28 de agosto de 2012

Bajo el faro

Corría el viento aquella tarde. Un viento suave. El mar estaba tranquilo y el sol iluminaba la playa con calidez.
Jimena permanecía de pie en la orilla de la playa. Sus pies pisaban la arena mojada y las suaves olas del mar daban en sus tobillos. Sus cabellos rubios ondeaban al viento, al igual que su camiseta que por efecto del aire se movía de un lado para otro. Sus ojos azules miraban hacia el horizonte donde el cielo y el mar se funden. La sensación del agua en sus pies era relajadora.
Empezó a caminar fuera del agua, sintiendo cómo sus pies se hundían un poco en la tierra mojada. Con ayuda de la toalla se secó un poco y se puso las chanclas.
Puso rumbo a su casa, con tranquilidad, pensando en sus cosas. Una vez hubo llegado allí sacó del bolso las llaves de la casa y abrió la puerta.


- Ya he llegado- dijo a sus padres.
- Jimena, tienes una carta. La saqué esta mañana del buzón- dijo su padre al tiempo que le daba el sobre.


Cogió la carta y fue a su habitación. Se tumbó en la cama y miró con curiosidad el sobre. El reloj de pared marcaba las ocho menos cuarto. Abrió la carta y comenzó a leer su contenido con tranquilidad. Conocía aquella caligrafía. Se le escapó una sonrisa. Continuó con su lectura. Su cara se llenó de sorpresa y luego alegría. Miró otra vez el reloj y se levantó de la cama con rapidez.
Abrió las puertas de su armario y empezó a buscar algo bonito que ponerse. Removió todo hasta que encontró una falda con vuelo y una camiseta. Se vistió con rapidez y se pintó un poco los ojos.


- Salgo un momento- dijo a sus padres y salió corriendo de su casa, con una sonrisa radiante.


Corrió por las calles de la ciudad. El viento movía su pelo y falda. Salió de la ciudad y llegó hasta un camino que subía hacia el faro. El cielo tenía un tono naranja que a Jimena le pareció precioso.
Seguía corriendo. Comenzó a ver el faro. Poco a poco comenzó a ver también allí, bajo la torre, una figura de un chico. Allí estaba. Mediría metro ochenta. Tenía el pelo oscuro y aunque desde donde estaba no podía verlos, sabía que los ojos de aquel chico eran verdes. Corrió aún más deprisa hasta que llegó hasta él.


- Hugo- dijo casi sin aliento
- Pensaba que no vendrías- dijo el chico con un poco de timidez.
- No sabía que yo, es decir que tú... - añadió Jimena entrecortadamente.
Hugo sacó de detrás de sí un ramo de doce rosas rojas, que dio a Jimena.
- Oh Hugo, son preciosas- comentó Jimena cogiendo las flores.


Entonces se miraron a los ojos. Y como todas las cosas bellas de este mundo no se ven, los cerraron para darse un beso. Las olas del mar rompían en las paredes de roca en las que se levantaba el faro.


Así comenzó una verdadera historia de amor.


Por Jesús González Cuartero

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