Permanezco tumbado en la cama. Te miro al rostro y veo que estás soñando.
Otra vez, con un barullo de palabras en la boca, que se agolpan en mis labios y no se atreven a salir.
Otra vez, un montón de pensamiento en mi cabeza, pensamientos que no sé si son realidad o fantasía, pero que en el fondo me da igual, porque me gustan y me hacen sentir bien.
Otra vez, esa sensación de mariposas revoloteando sin parar en el estómago, que no me dejan dormir y parece que quieren escapar.
Ya no sé si es un efecto de todas estas sensaciones o consecuencia de un café, pero no consigo conciliar el sueño. Y, a pesar de ello, soy completamente feliz.
Por Jesús González Cuartero
