Imagina una semilla. Una semilla de apenas 4 mm de diámetro. Una semilla más pequeña que una de las perlas que llevan nuestras madres. Esa semilla, que puede parecer tan insignificante, llegó un día a convertirse en "General Sherman", el árbol más grande del planeta. Una semilla que se alojó en uno de los paisajes más bellos de la Tierra. En esa pequeña e insignificante semilla estaba toda la historia de esta secuoya. Todo lo que es hoy en día.
Tengo 21 años, y aunque ahora os voy a hablar en primera persona, estas líneas pueden aplicarse a cualquiera de nosotros.
Tengo 21 años, estoy en la mejor etapa de la vida. Y si he llegado hasta aquí, nada ni nadie puede pararme ahora. Dentro de mí está todo lo que soy y todo lo que seré, al igual que en esa insignificante semilla, porque en esta vida, las pequeñas acciones hacen grandes historias. Tengo en mí todo el potencial para hacer grandes cosas y para decidir hacia dónde, cómo y con quién quiero verme crecer.
Es hora de hacer locuras, de dejar crecer esa semilla, de empezar a extender las raíces y dejar crecer las hojas. De abrir las alas y volar, de estirar el cuerpo y correr, de saltar al agua, de caer. Porque es necesario perderse para encontrarse a uno mismo.
Llevo 21 años intentando ser auténtico, natural, espontáneo.
Es hora de que cada uno abramos nuestras alas y echemos a volar, porque dentro de nosotros está el cuento de nuestra historia.
Howl.

