De vez en cuando es bueno saltar
y tropezar. Sentir el roce del suelo en las rodillas y el escozor que causa la
herida, sentir la sangre realizarse por tu piel.
De vez en cuando es bueno correr
bajo la lluvia. Sentir el agua calar la ropa y cada uno de tus huesos, saltar
en los charcos y tiritar mientras se mojan los dedos de los pies.
De vez en cuando es bueno llorar,
dejar correr como un hilo de agua las imágenes que han pasado por tu retina que
no quieres seguir recordando.
Pero siempre es bueno saltar y
dejarse llevar, volar más allá de donde podamos imaginar. Porque no hay mejor
sensación que la del viento acariciando nuestra piel.
Por Jesús González Cuartero
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