-Bailemos.
-¿Aquí? Estamos en medio de la calle- dijo sonriendo.
-Lo sé, pero quiero bailar contigo, aquí y ahora. ¿Me concedes este baile?-dijo tendiéndole una mano.
Se cogieron para bailar. Mano con mano. La otra en la cintura. Se miraron a los ojos y sonrieron. La noche se precipitaba y las farolas comenzaron a iluminarse.
Y bailaron. Bailaron encima de aquellas bandas blancas sobre el asfalto de la calle.
Por Jesús González Cuartero
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