Aquel tiempo no bastó. Esos meses no fueron suficientes para sincronizar sus corazones.
Uno de ellos empezó a latir muy deprisa a medida que se conocían, mientras que el otro latía lentamente, al ritmo de algo que nunca va a suceder.
El más veloz abandonó la carrera sin siquera saber si había meta al final del camino.
Por Jesús González Cuartero