-¿Qué te pasa?
-Nada, ¿por?
-Creo que te da vergüenza, que te impongo.
-No- y se echó a reir.
-¿Y qué te impide darme un beso?
Y se lanzó a sus labios. Todo se inundó de magia. El tiempo se detuvo, la gente desapareció.
Sólo importaba el tacto de sus labios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario