"Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo."
El Alquimista, Paulo Coelho

martes, 4 de abril de 2017

A ver los cerezos llorar pétalos.


Después de tres pasos mirando el suelo, con las manos en los bolsillos de la cazadora, con un revuelto de pensamientos en la cabeza y algo revoloteando en mi tripa, he decidido darme la vuelta y gritar tu nombre. 

Te das la vuelta con una expresión de sorpresa en la cara y me preguntas qué me pasa. 

Y lo que me pasa tiene un nombre, y es el tuyo. Lo que me pasa eres tú.
Con rapidez voy hacia ti y, por fin, encuentro tus labios. Los labios que me quitan el sueño por la noche. Los labios en los que pienso cada vez que te veo. Los labios que ahora están correspondiendo mi beso, con tu beso.
No sé qué expresión hay ahora en tu cara, mis ojos están cerrados disfrutando este momento que tanto deseaban las mariposas que ahora han hecho un huracán dentro de mí. Tus manos se apoyan en mi cintura, las mías sujetan tu cara. El ruido de la calle ya no molesta, el sol brilla como nunca. Tu boca sabe a abril.

Dichosa mente y odiosa vergüenza.

Tras tres pasos mirando el suelo, con las manos en los bolsillos de la cazadora, con un revuelto de pensamientos en la cabeza y algo revoloteando en mi tripa, me he dado la vuelta. Pero no he gritado tu nombre. 

Solo me he atrevido a ver tu espalda, a mirar tu cuello alejarse entre la multitud. A cegarme con el brillo de tu pelo al caer el sol en tu cabeza. 

Solo me he atrevido a ver los cerezos llorar pétalos en abril.

martes, 14 de marzo de 2017

Cama


Mi edredón huele a ti. Huele a tu historia susurrada en mi oído. Huele a tu piel fundida con la mía. Huele a tus labios agarrados a mis labios. A tus dedos entrelazados con los míos. Huele a ti abrazándome por la espalda.
Mi almohada aún guarda tu calor. Guarda el olor de tu cuello. Guarda tus caricias en mi cara. Guarda las huellas de tu pelo. Guarda tu mirada penetrante abordando la mía. Guarda tu voz. Guarda tu aliento en mi nuca despertando cada poro de mi piel.


Toda la cama me recuerda a ti. 
A ti, pero sin ti.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Adalev

Ya llevo un rato fijándome en que me estás mirando. Las luces parpadeantes no pueden ocultarlo. Le doy un trago a mi copa y decido ir a buscarte. Ya habíamos hablado antes y sabíamos que íbamos a estar en el mismo sitio.
Me acerco a ti y te toco la espalda suavemente a la altura de la cintura. Te das la vuelta y sonríes al verme. Esos ojos.
Tras casi una hora hablándonos a gritos al oído, hemos decidido salir a la calle y vamos en un taxi al hotel.
Amanece.
Despierto con tranquilidad al entrar la luz por la ventana. No estás en la cama. En tu lugar, veo una nota en la almohada: "No consigo encontrar mi camiseta, me llevaré la tuya, lo siento." Sonrío. 
Salgo de la cama y voy al baño a lavarme un poco la cara. Creo que el recuerdo de esta noche tardará mucho en volar de mi mente.
Me apoyo en la ventana y miro hacia la calle. La ciudad empieza a despertar. Consigo ver mi camiseta. Y consigo verte a ti mirando hacia aquí. Pensarás que aún estoy en la cama, pero estoy en la ventana viendo cómo subes a un taxi que acaba de parar frente a ti.


Mi corazón desea profundamente volverte a ver.



Si quieres leer la otra parte: Velada


miércoles, 1 de marzo de 2017

3 A.M.

Y desearía que esta historia dejase de ser un secreto.  Abrazarte sin miedo en el parque. Darte un beso bajo la lluvia una tarde de invierno. Cogerte de la mano y pasear bajo la luz de las farolas los domingos por la noche. Acariciar tu cara mientras sonríes y sonreír contigo. Subirme a tu espalda porque me duelen los pies. Bailar en la calzada cuando el semáforo está en verde.

Pero no podré cogerte de la mano por la calle. No podré besarte mientras haya luz en las calles. No podremos bailar cuando el hombre del semáforo sea verde. No sonreiremos sentados en un banco. Y nunca, nunca podré gritar: Te quiero.