Ya llevo un rato fijándome en que me estás mirando. Las
luces parpadeantes no pueden ocultarlo. Le doy un trago a mi copa y decido ir a
buscarte. Ya habíamos hablado antes y sabíamos que íbamos a estar en el mismo
sitio.
Me acerco a ti y te toco la espalda suavemente a la altura
de la cintura. Te das la vuelta y sonríes al verme. Esos ojos.
Tras casi una hora hablándonos a gritos al oído, hemos
decidido salir a la calle y vamos en un taxi al hotel.
Amanece.
Despierto con tranquilidad al entrar la luz por la ventana.
No estás en la cama. En tu lugar, veo una nota en la almohada: "No consigo encontrar mi camiseta, me
llevaré la tuya, lo siento." Sonrío.
Salgo de la cama y voy al baño a
lavarme un poco la cara. Creo que el recuerdo de esta noche tardará mucho en
volar de mi mente.
Me apoyo en la ventana y
miro hacia la calle. La ciudad empieza a despertar. Consigo ver mi camiseta. Y
consigo verte a ti mirando hacia aquí. Pensarás que aún estoy en la cama, pero
estoy en la ventana viendo cómo subes a un taxi que acaba de parar frente a ti.
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