Después de tres pasos mirando el suelo, con las manos en los bolsillos de la cazadora, con un revuelto de pensamientos en la cabeza y algo revoloteando en mi tripa, he decidido darme la vuelta y gritar tu nombre.
Y lo que me pasa tiene un nombre, y es el tuyo. Lo que me pasa eres tú.
Con rapidez voy hacia ti y, por fin, encuentro tus labios. Los labios que me quitan el sueño por la noche. Los labios en los que pienso cada vez que te veo. Los labios que ahora están correspondiendo mi beso, con tu beso.
No sé qué expresión hay ahora en tu cara, mis ojos están cerrados disfrutando este momento que tanto deseaban las mariposas que ahora han hecho un huracán dentro de mí. Tus manos se apoyan en mi cintura, las mías sujetan tu cara. El ruido de la calle ya no molesta, el sol brilla como nunca. Tu boca sabe a abril.
Dichosa mente y odiosa vergüenza.
Tras tres pasos mirando el suelo, con las manos en los bolsillos de la cazadora, con un revuelto de pensamientos en la cabeza y algo revoloteando en mi tripa, me he dado la vuelta. Pero no he gritado tu nombre.
Tras tres pasos mirando el suelo, con las manos en los bolsillos de la cazadora, con un revuelto de pensamientos en la cabeza y algo revoloteando en mi tripa, me he dado la vuelta. Pero no he gritado tu nombre.
Solo me he atrevido a ver los cerezos llorar pétalos en abril.
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