Te propongo un juego. Podemos ganar o perder. Ganar mucho, o perder mucho más. Juguemos a ser valientes. A mí me toca ser valiente con el tiempo y el espacio. A ti te toca ser valiente con el riesgo. Parece fácil, ¿verdad? Es sencillo. En mi turno la valentía se medirá en paciencia y en distancia, pero distancia corta, por favor. Me gusta jugar con sutileza, pero con gestos visibles. En el tuyo se considerará valiente todo aquello que salga de repente.
El comienzo del juego es sencillo y como digo lo único que tenemos que hacer es ser valientes y dejarnos llevar. A medida que se va avanzando en el juego, las reglas van desapareciendo pero aparecen los retos.
Te reto a un beso, a un susurro en la oreja y a una caricia en la espalda. Te reto a un plan inesperado, a una rosa roja. Te reto a perdernos en las sábanas, a un viaje inesperado y a una visita sorpresa. A un "te recojo al salir", "qué bien te queda esa camisa" o "estás muy guapo esta noche". A una patada bajo la mesa, a cogernos de la mano por la calle, a bailar bajo la lluvia y a correr en la playa. El juego de los valientes llega hasta donde queramos pero se gana mientras se juega. Yo gano contigo y tú ganas conmigo. A mí el juego me parece interesante. Hay casillas buenas y casillas malas. Pero nada que no se pueda superar, es un juego, recuerda.
Y si solo se gana, preguntarás que quién pierde. Pues se pierde en la despedida. Yo pierdo sin ti y tú pierdes sin mí. Se pierde mucho. Perdemos mucho si nos dejamos vencer por la cobardía.
Como no quiero ser un cobarde y perder, no pretendo despedirme, así que ¿quieres ser valiente conmigo?