Siento la presión en el pecho. Sé que el corazón sigue latiendo,
pero lo hace en un agujero donde hace unos meses encendiste una luz.
Siento los ojos llenos de lágrimas. Quieren salir con la
fuerza del mar, pero sólo lo consiguen en momentos de debilidad, cuando mi
mente no está ocupada y vuelve volando sin pensar a ti.
Siento que tomaste una mala decisión, y siento que no fui lo
suficientemente fuerte para enseñarte que quería hacerte feliz.
Y siento que ahora es demasiado tarde y que, si por mí
hubiera sido, cada 8 de abril sería una fecha que señalar en el calendario.
Cuando llegue mañana nos daremos cuenta de que los dos hemos
perdido.
Que cuando llegue mañana echarás de menos cómo me brillaban
los ojos cada vez que me mirabas.
Puede que cuando llegue mañana sea demasiado tarde. O puede que no.
Lo descubriremos cuando llegue mañana.